esa persona no lo había hecho para quedarse con su lugar.
Lo había hecho para que los niños sobrevivieran.
Mateo dejó el documento sobre la mesa.
—Quiero conocerlo.
Lucía negó con la cabeza.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque antes necesitas entender lo que pasó después.
Mateo miró hacia la puerta.
Los niños seguían cerca de la casa.
Uno de ellos había tomado la herramienta pequeña y caminaba hacia la ventana.
Mateo recordó la escena del campo.
El grito.
La palabra que lo había detenido.
Papá.
Había imaginado que esa palabra