sería el final de la sorpresa.
Ahora entendía que apenas había sido el principio.
Lucía volvió a guardar los papeles.
—Cuando nacieron, uno de ellos estuvo a punto de no salir del hospital.
Mateo asintió.
—Eso ya lo sé.
—No sabes todo.
Ella tomó la pulsera y la sostuvo un momento antes de guardarla.
—Hubo una razón por la que tuvimos que regresar aquí tan rápido.
Mateo la miró.
—¿Cuál?
Lucía no contestó.
En lugar de eso, tomó de la mano al niño que había dicho papá y caminó hacia