El cuaderno de cuero y la verdad guardada en el bolsillo de su esmoquin

prisa. Polvo cubría los muebles, pero varias cajas seguían ahí. Empecé a buscar.

Lo primero que encontré fue un montón de fotografías. En una aparecía yo, de pie sobre una playa, con un vestido blanco. El cabello más largo. La pierna sin cicatrices. Me miré y no volvió nada.

Encontré otra foto. Y otra. Hasta que volteé la tercera y se me cortó la respiración. Richard estaba arrodillado frente a mí. Yo tenía ambas manos sobre la boca. Un anillo de compromiso brillaba en mi mano izquierda. El mismo anillo