que Richard supuestamente había elegido hacía dieciocho meses. Al reverso, con mi propia letra, había una fecha: dos años antes del accidente.
Richard no me había conocido después del choque. Ya estábamos comprometidos.
Debajo de las fotos encontré un teléfono viejo. Lo cargué. Revisé los mensajes. Un nombre me detuvo: Megan. El mismo nombre tachado en mi cuaderno. Marqué el número. Contestó al cuarto timbrazo.
—¿Hola?
—Megan. Soy Claire.
Silencio. Luego una voz quebrada.
—Claire… Dios mío. Nunca pensé que volverías a llamarme.
—No recuerdo lo que pasó entre nosotras.