El cuaderno de cuero y la verdad guardada en el bolsillo de su esmoquin

Necesito que me lo digas.

Su primera pregunta me heló.

—¿Richard sabe que estás llamando?

—No.

Tomó aire.

—Unos días antes de tu accidente… Richard y yo nos emborrachamos en una fiesta. Pasó una vez. Íbamos a decírtelo juntos. Ninguno lo hizo.

Cerré los ojos.

—Te acostaste con él.

—Sí. La noche del accidente, encontraste los mensajes. Me llamaste gritando. Subiste al auto. Te rogué que no manejaras.Durante un instante hubo nada. Después, algo se abrió paso. Lluvia. Agua golpeando el parabrisas. Faros en el espejo retrovisor. Una boc