—Se está recuperando bien. Theodore y yo deberíamos empezar a buscar nuestro propio lugar donde vivir.
Raymond negó inmediatamente con la cabeza.
—No. De ninguna manera.
—Señor Raymond…
—Para empezar, deja de llamarme señor Raymond después de haber pasado tres semanas viéndome fingir que era incapaz de moverme.
No pude evitar sonreír.
—En segundo lugar —continuó ya más serio—, no pienso convertir la enorme deuda que tengo contigo en una obligación económica. Si de verdad quieres marcharte, te proporcionaré toda la ayuda financiera que necesites para empezar de nuevo donde