Parte 1
Hasta esa noche, yo creía que lo peor que podía pasar en una boda era que alguien se emborrachara, que el pastel terminara en el suelo o que una ex apareciera en plena ceremonia.
Estaba equivocada.
A las 2:47 de la madrugada, todavía con mi vestido de novia puesto, mi suegro entró a nuestra habitación con una almohada bajo el brazo, una cobija doblada y un cordón rojo enrollado alrededor de la mano.
—Háganse a un lado. Esta noche duermo entre ustedes.
Me reí.
No porque fuera