vez. Después del atentado que destruyó nuestra familia, había convertido aquella enorme propiedad en una fortaleza.
Guardias en los accesos, puertas reforzadas y cámaras ocultas en todas las habitaciones.
Yo decía que era seguridad.
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Pero cuando escuché a Matthew hablar de nuevo, entendí que tal vez para él también había sido una prisión.
La explosión que mató a su madre dejó una marca que no se veía solamente en su cuerpo. La lesión en su médula espinal cambió su vida de un día para otro. El niño que antes