Adrián sostuvo la fotografía entre los dedos sin apartar los ojos de ella.
—¿De dónde sacaste esto?
Mia señaló su mochila.
—Mamá la guarda en una cajita. Yo la encontré cuando buscaba mis crayones.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
—Mia, ve a sentarte con Gerald, por favor.
Pero Adrián no me dejó acercarme.
—No. Déjala aquí.
Su voz ya no tenía aquella frialdad que todos conocíamos.
Tenía miedo.
Y eso me asustó todavía más.
—Adrián…
Él levantó la fotografía.
—Este hombre.
Tragué saliva.
—Era mi esposo.
Adrián cerró