y llamé a mi abogada.
Le conté todo.
Las cámaras.
Las fotografías.
La lista de tareas.
La conversación sobre la custodia.
Y la sospecha de que mi madre estaba siguiendo a mi hija.
Mi abogada permaneció en silencio durante varios segundos.
—No vuelvas a llevar a tu hija allí —dijo finalmente.
—No pensaba hacerlo.
—Y desde este momento, guarda absolutamente todo.
—¿Crees que realmente quieren quitarme a mi hija?
—No puedo afirmarlo todavía. Pero si existe una conversación sobre conseguir la custodia, necesitamos saber por qué.
Esa noche dormí con