EL MAGNATE LLEGÓ CON ROSAS PARA SU ESPOSA, PERO LA EMPLEADA LE TAPÓ LA BOCA: “¡SILENCIO, TIENE QUE VER ESTO YA!”

sentenció Sebastián, besando a Rebeca. Algo dentro de Alejandro se rompió para siempre, pero en lugar de dolor, nació una furia volcánica. Iban a robarle la empresa, su dinero y, lo más sagrado, iban a encerrar a su hija en una clínica psiquiátrica para quedarse con todo. Por eso Victoria huía, porque sabía que era una prisionera.

 

Los amantes se alejaron y regresaron a la fiesta. Alejandro prendió la luz del cuartito, sudando frío. Sacó su celular: 27 llamadas perdidas del número fijo de su propia casa, un número