que Rebeca había bloqueado en su teléfono para que Victoria no pudiera contactarlo. “María, esta noche nadie le quita nada a mi hija. Y tú vas a ser mi testigo”, dijo Alejandro, con una voz nueva, firme y peligrosa.
Caminaron rápido por el pasillo. Alejandro entró a su despacho usando su huella digital y sacó de la caja fuerte los documentos que probaban el fraude. De pronto, una vocecita quebrada resonó detrás de ellos. “María… ¿con quién estás?”. Era Victoria. Se había quedado paralizada al ver a su padre. “Papá… ¿