que todos deciden ignorar.
Cuando Marcos dijo que la niña solo buscaba atención, algo dentro de mí no quedó tranquilo.
No discutí.
No hice una acusación sin pruebas.
Solo observé.
Más tarde, en la cocina, Sofía apareció abrazando su conejo de peluche.
Me preguntó en voz baja si yo sí le creería.
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Entonces me mostró los pequeños moretones en su brazo y explicó por qué sentarse le causaba dolor.
Habló de cosas que una niña de cinco años no debería tener que explicar.
Contó que su papá entraba a