una doctora.
Cuando la especialista salió después de examinarla, su expresión confirmó que la preocupación no era exagerada.
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Habían encontrado rastros compatibles con un sedante de prescripción en el cuerpo de Sofía.
Un medicamento que no aparecía en sus registros.
En ese momento entendí que la frase de mi sobrina no era una queja infantil.
Era una señal.
Pero la historia todavía tenía una parte que nadie esperaba.
Sofía seguía abrazando su conejo de peluche cuando sacó una pequeña llave escondida dentro de una costura rota.
Tenía una cinta