dormido durante horas.
—¿Qué pusiste en el té?
Catherine retrocedió.
—Nada.
—No recuerdo haberme acostado.
—Estabas cansado.
—¿Qué me diste?
—Solo algo para ayudarte a dormir.
Sentí náuseas.
Saqué mi teléfono.
Mi madre intentó arrebatármelo.
La aparté.
—No vuelvas a tocarme.
Llamé al 911.
Luego seguí bajando.
La escalera terminaba detrás de una estantería del sótano.
Estaba abierta.
Había huellas húmedas sobre el suelo.
Una pertenecía a un pie descalzo.
Sarah.
Las seguí hasta la puerta trasera.
Afuera encontré una zapatilla suya.
Pero no a Sarah.
La policía llegó minutos