“Puedo limpiar, cocinar, hacer lo que sea. Mi hermanita solo necesita leche”, me dijo una niña de 8 años mientras cargaba a una bebé hambrienta en el vestíbulo de mi empresa. No discutí ni llamé a seguridad. Escribí una sola frase en una hoja y respondí: “Entonces estás contratada”. Pero cuando cayó de su mochila una lista escrita con crayón, entendí quién las había abandonado.

con la palma.

—Voy a llamar a la policía.

No tuvo que hacerlo.

3 minutos después llegaron una trabajadora de la Procuraduría de Protección y 2 agentes.

Las niñas quedaron bajo protección provisional mientras investigaban el abandono y el uso del dinero.

Pero surgió un problema que yo no había previsto.

Esa noche necesitaban un lugar donde dormir.

Juntas.

—Que vengan conmigo —dije.

La trabajadora social negó con la cabeza.

—No funciona así, señor Salgado.

—Tengo una casa con 5 habitaciones.

—No importa.

—Puedo pagar cuidadoras.

—Tampoco importa.

Me explicó