La última promesa de Julián: el regalo que mi esposo me dejó después de partir

antes bajo su almohada.

—Julián me pidió que le diera esto en persona —dijo—. Dijo que si se lo entregaba antes, usted iba a intentar convencerlo de cambiar de opinión, y él necesitaba hacerlo a su manera.

Me temblaban las manos cuando tomé el sobre. Adentro había varias cartas, cada una etiquetada con una edad: «Para nuestra hija a los cinco años», «A los diez», «El día de su graduación», «El día de su boda». Había veinticuatro cartas en total. Julián había escrito una carta para cada cumpleaños importante de