lo abrí, encontré una sola hoja escrita con la letra temblorosa de sus últimos días.
«Amor mío, si estás leyendo esto, es porque ya no estoy contigo, pero quiero que sepas algo: cuando pedí donar mis órganos, no lo hice solo por los desconocidos que iban a recibirlos. Lo hice porque necesitaba creer que una parte de mí seguía viva en el mundo mientras nuestra hija crecía. Cada vez que oigas a alguien decir que le trasplantaron un corazón, unos pulmones, unos ojos, quiero que pienses en mí caminando por