La última promesa de Julián: el regalo que mi esposo me dejó después de partir

el mundo, cuidándolas a las dos desde muchos lugares a la vez. No estoy en un solo lugar, mi amor. Estoy en cuatro personas que hoy respiran, y estoy en cada latido de nuestra hija. Cuídate. Cuídala. Y por favor, vuelve a ser feliz. Te lo ordeno como último acto de esposo. Tuyo, siempre, Julián.»

La vida después de la despedida

Mi hija nació dos semanas después, sana, con los ojos idénticos a los de su padre. La llamé Julieta, porque no podía llamarla de otra manera. Cada año, en