tomábamos café en la cocina, Rosie me miró.
—¿Leíste la carta?
Asentí.
—¿Por qué no me dijiste nada? —le pregunté.
Ella sonrió.
—Porque tú habrías intentado detenerme. Y yo necesitaba esto. Necesitaba ser mamá. Aunque fuera por poco tiempo.
—Pero no fue por poco tiempo —dije—. Estás aquí.
—Lo sé. Y estoy agradecida. Pero si no hubiera sido así… habría valido la pena.
La miré.
—Rosie, la gente siempre te subestimó. Siempre pensaron que no podías hacer las cosas que los demás hacían.
—Lo sé.
—Pero tú viviste más en