Una
supuesta declaración firmada por mí donde reconocía que 4,5 millones eran una “donación anticipada” a Daniela.
La firma se parecía a la mía.
Pero yo jamás había visto aquella hoja.
Contraté a una abogada, Lucía Mendoza.
Su primera recomendación fue sencilla:
—No confronte a nadie más. Primero averigüemos qué otros documentos existen.
La respuesta llegó una semana después.
Había más.
Muchos más.
Tres años atrás alguien había presentado una solicitud para incluir a Daniela como beneficiaria secundaria de una