EL MAGNATE LLEGÓ CON ROSAS PARA SU ESPOSA, PERO LA EMPLEADA LE TAPÓ LA BOCA: “¡SILENCIO, TIENE QUE VER ESTO YA!”

las manos a Alejandro, cayendo al piso en total silencio. Las rosas quedaron

esparcidas por la alfombra. “Lea la carta que dejó en la cama, señor. La escribió esta tarde”, le indicó María por la espalda. Con las piernas temblando, Alejandro entró sigilosamente por el ángulo ciego de la habitación, tomó el sobre y lo abrió. La letra redonda de su hija era un puñal directo al corazón.

 

“Papá, cuando leas esto, ya no estaré aquí. Por mucho tiempo intenté que te dieras cuenta de que existo. Saqué dieces,