acercándose. María apagó la luz del cuartito rápido, dejando la puerta emparejada. En la penumbra, Alejandro
reconoció las voces.
Era Rebeca, su elegante esposa, y junto a ella venía Sebastián Cruz. Sebastián no solo era su mejor amigo y socio comercial por más de 20 años, sino también el padrino de Victoria. El hombre que lloró a su lado cuando murió su padre. “Relájate, aquí nadie nos va a escuchar”, dijo Sebastián, riendo. “Los invitados creen que fui al baño”, susurró Rebeca. “Solo quiero repasar el plan para