PARTE 2: ESTA VEZ, LAS CONDICIONES ERAN MÍAS

confirmar las semanas en otra revisión. Podemos aclararlo entonces.

Asintió.

—Quiero acompañarte.

—Puedes pedírmelo. No decidirlo.

Me miró.

—¿Puedo acompañarte?

Aquella pregunta tan sencilla me hizo un daño extraño.

Era lo que siempre había querido: que me preguntara.

—Todavía no lo sé.


Esa noche llamó.

Yo estaba comiendo
directamente del paquete, con la solemnidad de una mujer que había descubierto que la cena podía tener forma de cartón.

Galletas saladas

—He preparado una propuesta —dijo.

Dejé de masticar.

—Julian, si la siguiente palabra es “cláusula”, voy a colgar.

Hubo un