aceptar nunca fueron un simple acuerdo, sino una trampa cuidadosamente preparada para mantenerme prisionera.
Las manos me tiemblan, pero me obligo a seguir viendo la grabación. Necesito conocer toda la verdad, hasta el último detalle. Cuando el video termina, ya no tengo ninguna duda: debo escapar cuanto antes.

Recojo a toda prisa lo imprescindible, guardo mis documentos y mi teléfono, sin pensar siquiera en el supuesto contrato. Ahora sé que ese no tiene ningún valor. Si permanezco en esa casa, acabaré desapareciendo igual que las chicas que aparecían en aquellas