en el estómago.
Hay decenas, quizá cientos de videos. La misma habitación. La misma iluminación. La misma cama. La misma escena una y otra vez. Lo único que cambia son las jóvenes que aparecen inconscientes, completamente indefensas.
Debajo de cada grabación, miles de comentarios y donaciones de personas que pagan por contemplar aquel espectáculo macabro.
En ese instante todas las piezas encajan.
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Así fue como amasó su fortuna.
Yo no era la primera víctima… y, seguramente, tampoco sería la última. Todas aquellas condiciones que me obligó a