primero que videntro fue la de Michael.
La letra de mi marido.
Joyas amistad
Y después de leer la primera frase de aquella carta, todo se me cayó de las manos.
Durante varios minutos me quedé sentada en el borde de la cama, incapaz siquiera de recoger la carta del suelo.
Michael había muerto once meses antes.
Yo habría reconocido su letra en cualquier lugar.
Durante nuestros treinta y dos años de matrimonio me había dejado cientos de pequeñas notas en el refrigerador, había escrito tarjetas de cumpleaños, listas