A las 2:17 de la madrugada, Prescott entró.
—Tenemos un problema.
—¿Cuál?
—Alguien intentó acceder remotamente al sistema de seguridad de la propiedad.
—¿Desde dónde?
—Todavía lo estamos rastreando.
—¿Entraron?
—No.
Miró a Elena.
—Pero utilizaron credenciales antiguas de Genevieve.
Elena palideció.
—Saben que estoy aquí.
Entonces se apagaron las luces.
Solo durante tres segundos.
Las luces de emergencia
se encendieron.
Prescott sacó su arma.
—Todos abajo.
—Mis hijos.
—Ya hay hombres con ellos.
Escuchamos una explosión seca afuera.
No era una bomba.
Un transformador.
Alguien había cortado la