Pensé que si desaparecía, estaría segura.
—¿Qué cambió?
—Vi un artículo.
—¿Sobre qué?
—La gala de su fundación.
Recordé la fotografía.
Jonah y Blythe aparecían conmigo.
Todavía tenían cabello.
—Me di cuenta de que estaban enfermos.
—¿Y viniste?
—Sí.
—Sin dinero.
—Vendí mi auto para viajar.
—¿Por qué?
Elena me miró como si la respuesta fuera obvia.
—Porque se lo prometí a su esposa.
El tratamiento comenzó cuarenta y ocho horas después.
No fue un milagro.
Odio esa palabra desde entonces.
Los milagros son fáciles.
Aquello fue horrible.
Jonah desarrolló