fiebre.
Blythe tuvo una reacción que obligó a detener temporalmente una parte del protocolo.
Durante dos noches Franklin me dijo que cualquiera de los dos podía morir.
Yo dormía sentado entre sus habitaciones.
Elena permaneció en Boston.
No porque yo se lo pidiera.
Porque conocía detalles de los archivos que los médicos necesitaban interpretar.
Al sexto día, los análisis de
Jonah cambiaron.
Franklin revisó los números tres veces.
—¿Qué?
—Todavía nada.
—Franklin.
Me miró.
—La tendencia es diferente.
—¿Buena?
—Mejor.
Blythe tardó más.
El día ocho dejó de responder durante