A los 48 años, Mariana dejó la cantina escolar para buscarse a sí misma: una historia de reencuentro personal

sola. Una risa cansada, amarga y sincera. Entonces Amir salió del baño con una camisa blanca.

—¿Qué pasó?

—Me mataron tus de princesa —respondió ella.

Él la miró unos segundos y soltó una carcajada. Una risa verdadera, cálida, sin burla. Por primera vez desde que lo conocía, Mariana sintió que él también era humano, y no solo la imagen perfecta que intentaba proyectar.

La otra cara de la riqueza

En los días s, Mariana empezó a ver el lado oculto de la vida de Amir. Sí, tenía dinero. Muchísimo dinero.