quedaba mucho tiempo.
Una noche lluviosa, me llevó a la casa de mi padre.
—Te puso en mis brazos y me pidió que no permitiera que terminaras en un orfanato si
le sucedía algo —dijo mi padre—. A la mañana siguiente, la llevaron al hospital. Murió unas semanas después.
Había malinterpretado las palabras de Robert.
Mi madre no me había abandonado. Se había marchado sabiendo que nunca podría regresar.
—¿Por qué no me dijiste que no eras mi padre biológico?
—Porque temía que dejaras de llamarme papá.
Miré al hombre