escuela.
Pedí hablar con el director.
No alcé la voz.
No armé un escándalo.
Pero tampoco me fui sin respuestas.
Expliqué lo que estaba sucediendo.
Les mostré las fotos de los moretones.
Hablé sobre el dibujo.
Hablé del silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo… alguien escuchó.
El director parecía serio.
Prometió investigar.
Y esta vez, no iba a quedarme de brazos cruzados.
Durante los días siguientes, Sofía no regresó a la escuela.
La llevé al parque.
Caminamos juntos.
No hablamos mucho… pero compartimos más.
Y poco a poco,