Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

nada.

Renata se inclinó sobre Valeria y le acomodó un mechón de cabello con dedos fríos.

Consultar médico

—Siempre quiso llamar la atención —susurró junto a su oído—. Hasta dormida se hace la mártir.

Luego bajó más la voz.

—Cuando por fin se muera, nos llevamos al niño a la finca de Querétaro. Lejos de preguntas, lejos de vecinos, lejos de abogados metiches.

 

Mateo dio un paso atrás.

—¿Me van a llevar lejos de mi casa?

Sergio lo miró con desprecio.

—Te vamos a llevar donde aprendas a cerrar