Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

la boca.

—¡No quiero! ¡Quiero que mi mamá despierte!

—Tu mamá no va a despertar —escupió Sergio—. Y tú vas a hacer lo que yo diga.

 

Mateo levantó el rostro, temblando, pero con una furia nueva en los ojos.

—No. Mi mamá me dijo que si algo le pasaba, llamara a la licenciada Gálvez.

El silencio cayó como una losa.

La licenciada Gálvez era la abogada de Valeria.

Y era la única persona que sabía que Valeria había cambiado su testamento 2 semanas antes del  accidente.

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