la boca.
—¡No quiero! ¡Quiero que mi mamá despierte!
—Tu mamá no va a despertar —escupió Sergio—. Y tú vas a hacer lo que yo diga.
Mateo levantó el rostro, temblando, pero con una furia nueva en los ojos.
—No. Mi mamá me dijo que si algo le pasaba, llamara a la licenciada Gálvez.
El silencio cayó como una losa.
La licenciada Gálvez era la abogada de Valeria.
Y era la única persona que sabía que Valeria había cambiado su testamento 2 semanas antes del accidente.
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