quien la invita todos los años. Tú nunca lo hiciste.
Y con esa sola frase consiguió dejarme sin palabras.
Porque tenía razón.
Nunca se lo había ofrecido.
Mi piso es un pequeño estudio en un tercer piso sin ascensor, con un sofá cama y una ventana que da a una calle muy transitada.
¿Qué podía ofrecerle?
¿Tomates en el balcón en lugar de un jardín?
¿El ruido de los coches en lugar del silencio?
¿Pero eso significaba que mamá debía convertirse en la cuidadora del perro?
—Marta, mamá tenía miedo