Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

Quité la tapa lateral.

Nada.

Levanté el cajón de los hilos.

Vacío.

Entonces recordé que mi padre siempre me había dicho que las cosas importantes no estaban donde uno esperaba encontrarlas.

Pasé los dedos por debajo de la mesa.

Sentí una pequeña hendidura.

Presioné.

Se escuchó un clic.

El fondo de madera se levantó.

Debajo había un compartimento oculto.

Mi madre soltó un sollozo.

—No sabía que seguía ahí.

Dentro había una caja metálica.

La saqué.

Pesaba más de lo que esperaba.

Tenía una pequeña cerradura.

Y encima había una