niños se quedaron en la planta baja, junto a la calefacción, mientras yo abría la puerta del pequeño cuarto donde estaba la máquina de coser.
Era la misma máquina que mi padre le había regalado a mi madre cuando yo era niña.
Vieja.
Pesada.
De madera oscura.
Mi madre siempre había dicho que ya no funcionaba, aunque jamás permitió que nadie la
tirara.
Me arrodilléfrente a ella.
Recordé las palabras de mi padre.
_Si algún día lastiman a tu madre, abre el compartimento falso._
Busqué durante varios segundos.
Nada.