Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

niños se quedaron en la planta baja, junto a la calefacción, mientras yo abría la puerta del pequeño cuarto donde estaba la máquina de coser.

Era la misma máquina que mi padre le había regalado a mi madre cuando yo era niña.

Vieja.

Pesada.

De madera oscura.

Mi madre siempre había dicho que ya no funcionaba, aunque jamás permitió que nadie la

tirara.

Me arrodilléfrente a ella.

 

Recordé las palabras de mi padre.

_Si algún día lastiman a tu madre, abre el compartimento falso._

Busqué durante varios segundos.

Nada.