Ocho años después de dejarla embarazada, el multimillonario entró en el hospital donde ella trabajaba… y se quedó helado

el carácter más fuerte — dijo una vez.

Marina todavía no sabía de dónde sacaba la niña esos pensamientos.

Su vida no era lujosa, pero era estable.

Artem ya no formaba parte de ella.

Hasta cierto jueves de marzo.

Marina acababa de terminar su turno de doce horas cuando lo vio junto al puesto de enfermeras.

Traje oscuro.

Sin corbata.

Una fina cicatriz en la mejilla izquierda.

Y la postura de un hombre acostumbrado a que las puertas se abran solas ante él.

Durante unos segundos tuvo ganas de simplemente darse