sabes cómo tomo el café.
— Negro. Sin azúcar.
Marina cogió el vaso.
— Eso no significa que te haya perdonado.
— Lo sé.
Le contó los ocho años que habían pasado sin ella.
Su empresa.
Un accidente grave.
La ruptura con la mujer por la que muchos creyeron que se había marchado de Guadalajara para siempre.
— Me fui porque pensaba que no sería capaz de darte la vida que merecías — admitió. — Entonces me parecía que desaparecer sería menos doloroso que quedarme y saber que algún día te decepcionaría.
— Te equivocaste.
— Sí.
No