intentó justificarse.
Solo dijo:
— No espero que me devuelvas nada. Simplemente te vi y no pude fingir que nunca significaste nada para mí.
Marina pensó en Ximena, que probablemente en ese momento le estaba explicando a su cuidadora por qué las tortugas laúd pueden bucear tan profundo.
Era el momento de decir la verdad.
A la mañana siguiente encontró a Artem en la sala de espera.
— Tengo que decirte algo. No me interrumpas hasta que termine.
Artem se quedó inmóvil.
Marina habló durante once minutos.
Le contó lo de la