Mi padrastro, el director de Seguridad Pública Municipal, me esposó en la cocina de mi madre porque creyó que había inventado una llamada militar clasificada. Mi hermanastro grababa cada segundo mientras se burlaba: —¿Todavía finges que eres militar? Entonces una voz salió del teléfono: —General Navarro, ¿hay algún problema? En lugar de detenerse, mi padrastro me tiró al suelo, me apuntó con su pistola y gritó: —¿Quién demonios te crees que eres? Nunca entendió que la llamada seguía conectada. Ni quién había escuchado absolutamente todo.

Parte 1

-Pon ese teléfono sobre la mesa o te tiro al piso.

Mi padrastro, Rafael Cárdenas, no estaba bromeando.

Tenía una mano sobre su pistola de cargo y la otra extendida hacia mí, como si yo fuera una delincuente dentro de la cocina de mi propia madre.

Apreté el teléfono satelital contra mi oído.

Al otro lado de la línea, un funcionario de la Secretaría de la Defensa Nacional esperaba mi respuesta.

-General Navarro, confirme nuevamente la cifra del último informe.

Abrí la boca.

Rafael dio un paso hacia