la búsqueda de mejores oportunidades financieras para, según ella, asegurar un futuro próspero para todos los miembros de la familia.
Esta narrativa mercantilista ignoraba por completo el valor insustituible de la presencia física y el afecto cotidiano, reduciendo la crianza de los hijos a una mera transacción económica.
El relato inventado sobre sacrificios y cambios personales
Natalie continuó tejiendo una historia ficticia sobre supuestos sufrimientos personales y cenas elegantes donde su mente siempre estaba ocupada recordando a sus hijos, una versión que nadie en la mesa creyó.
La incongruencia entre