trivial. Había riesgos, complicaciones y un período de recuperación. Me repetía que apenas conocía a ese niño cuando me casé con su padre. No había estado presente en su infancia, en sus primeros pasos ni en su primer día de escuela.
¿Por qué debería sacrificarme por un niño que en realidad no era mío?
Mi marido no protestó. Ese silencio, paradójicamente, me enfureció aún más.
Sin decir una palabra más, hice la maleta y me fui a casa de mi hermana.
Esperaba que mi teléfono sonara en los días siguientes.