todos hablaban mal de ti. Y ahora te admiro todavía más.
Araceli rompió a llorar.
Pero en ese momento alguien tocó violentamente la puerta.
Ambos se quedaron quietos.
—¿Quién es?
No hubo respuesta.
Alejandro abrió.
En el pasillo estaba su madre, Carmen, acompañada de un hombre desconocido.
Carmen tenía el rostro pálido.
—Alejandro, tenemos que hablar.
—Ahora no.
—Sí. Ahora.
El hombre dio un paso adelante.
—Señor Montoya, hay algo que debe saber sobre su esposa.
Alejandro frunció el fruncido.
—¿Quién es usted?
El hombre sacó una fotografía