PARTE 2 / Durante el baño, mi hija de 6 años rompió a llorar: “Mamá, me duele mucho donde hago pipí”. La llevé al hospital pensando que era una infección, pero la doctora palideció y me susurró: “Llame a la policía”. Guardé silencio, saqué mi teléfono y entonces llegó un mensaje de mi esposo que reveló que él sabía algo que yo jamás le había contado.

era una infección. No era una caída. No era una alergia. Alguien había lastimado a mi hija. Llamé al 911 y después fui canalizada a la Fiscalía de Jalisco. Dos agentes llegaron al hospital junto con una psicóloga especializada en menores. Cuando me preguntaron quiénes habían estado a solas con Camila en los últimos meses,

me cortara la lengua. Mi suegro. Mi cuñado. Una niñera que nos ayudaba ocasionalmente. Y Rodrigo. Cuando dije el nombre de mi esposo, Camila, todavía medio dormida, apretó mi blusa con tanta fuerza que sus