PARTE 2 / Durante el baño, mi hija de 6 años rompió a llorar: “Mamá, me duele mucho donde hago pipí”. La llevé al hospital pensando que era una infección, pero la doctora palideció y me susurró: “Llame a la policía”. Guardé silencio, saqué mi teléfono y entonces llegó un mensaje de mi esposo que reveló que él sabía algo que yo jamás le había contado.

nudillos se pusieron blancos. Uno de los agentes lo notó. —¿Dónde está su marido? —En casa. —¿Sabe que están aquí? —Solo sabe que Camila está enferma. Los agentes me recomendaron no regresar al departamento. Yo acepté. Antes habría querido enfrentar a Rodrigo inmediatamente. Pero en ese momento comprendí que proteger a mi hija era más importante que mi necesidad de gritarle a alguien. Esa madrugada dormimos en casa de mi mejor amiga, Valeria, una abogada que vivía en Chapalita. O al menos Camila durmió. Yo me quedé mirando el techo.