padre seguía con mi teléfono en la mano, revisando las transferencias que yo había hecho durante los últimos meses.
Una tras otra.
Sin faltantes.
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Sin pausas.
Mientras él descubría que yo nunca había dejado de mandar dinero, mi madre acababa de mostrarme que existía algo más que Jessica no quería que yo encontrara.
—Mamá —dije—, dame la llave.
se interpuso entre la mesa y yo.
—Estás llegando después de seis años y quieres convertir todo en un escándalo sin saber cómo han sido las cosas aquí.
—Entonces explícame.
—Yo