casa de piedra, sonriendo junto a una mujer de cabello oscuro.
La reconocí inmediatamente.
—No puede ser… —susurré.
Era Elena.
Mi hermana menor.
Elena había muerto hacía casi treinta años.
Levanté la vista hacia el abogado.
—¿Por qué tenía Harrison una fotografía de mi hermana?
El hombre respiró profundamente.
—Porque el señor Harrison la conocía mucho antes de conocerla a usted.
Sentí queel suelo desaparecía bajo mis pies.
Volví a mirar la fotografía. Detrás había una fecha escrita