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Empecé a esperar nuestras partidas de ajedrez.
Empecé a escuchar tus pasos en el pasillo.
Empecé a guardar historias durante el día solo parapoder contártelas por la tarde.
Y cuando comprendí lo que estaba sucediendo, Elena ya no era la razón por la que quería verte.
Eras tú.
Si alguna vez descubres la verdad, espero que puedas perdonarme por no habértela contado antes.
Nuestro matrimonio comenzó como una forma de protegerme de mis hijos.
Pero mi amor por ti nunca fue